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Aldeadávila: “el habla de la Ribera” 1.894-1.917

Así vió Fritz Kruger Fermoselle

Así vió Fritz Kruger Fermoselle en 1.914

En 1947 Antonio Llorente Maldonado de Guevara publica su obra: “Estudio sobre el habla de la Ribera” (Comarca salmantina ribereña del Duero). Tesis y Estudio salmantinos, Vol.V, texto fundamental para conocer cómo era el dialecto leonés o bable hablado en todo el Oeste salmantino, y dónde se mantenía más vivo el dialecto y las costumbre ancestrales: La Ribera y El Abadengo salmantinos.

Este excelente trabajo viene a culminar una serie de trabajos lingüísticos e históricos previos, desde 1.894, época de gran riqueza económica en nuestra comarca, y marcada por un interés de los académicos e instituciones públicas que contrasta con el ambiente de apatía actual.

El dialecto salmantino, o “charruno” como era llamado a comienzos del s.XX fue reduciéndose de territorio, y los vestigios lingüísticos que se conservaron hasta después de la Guerra Civil en Las Arribes y El Abadengo, no sería sino una parte de dicho “dialecto salmantino”. Así podemos decir, que la pérdida de esta habla, no sólo corresponde a nuestra comarca, sino que sería más general de toda la provincia.

Uno de los primeros trabajos fue: “Estudios de Fonétika Kastelána” del salmantino D.F. Araujo, publicada en Madrid y París en 1.894. Pero el verdadero iniciador fue Manuel Fernández de Gata y Galache, farmacéutico de Villavieja de Yeltes, y gran conocedor de La Ramajería y La Ribera. Gran parte de su vida la dedicó a elaborar un diccionario de nuestra habla perdida, que publicó en Salamanca en 1903, en su obra: “Ociosidades” y “Vocabulario charruno“, por otra parte recorrió gran parte de nuestros pueblos recogiendo vocabulario. Menéndez y Pidal publicó por la misma época, 1906, su obra “Estudio del dialecto leonés“.

Para este sabio, el habla de la Ribera pertenece al grupo leonés oriental. Federico de Onís aprovechó esta temática para elaborar su tesis doctoral: “Contribución al estudio del dialecto leonés” que se publicó en salamanca en 1909, y en la que se deica a rastrear en documentos del s.XIII conservados en el Archivo de la catedral de salamanca, rastros del leonés hablado en aquella época.

finalmente, vamos a terminar esta introducción hablando del profesor de hamburgo Fritz Krüger: “Studien zur Lautgeschichte Westspanischer Murdarten”, trabajo más extenso de 1.914 en el que habla de los dialectos usados en el oeste de españa desde zamora hasta Cáceres, pero con la excepción del habla de La Ribera, quizás porque reconocía que ya había valiosos estudios. Durante estos trabajos estuvo residiendo en la villa zamorana de Fermoselle, separada de la ribera por el río Tormes, pero con frecuentes tratos con Villarino de los Aires. Allí pudo escuchar a fermosellanos y villarinenses explicarle particularidades del habla del pueblo de Villarino de los Aires.

Continuaremos en fechas próximas hablando sobre el “Habla de la Ribera”, gran valor de nuestra tierra y que lamentablemente ha desaparecido casi por completo.

Fermoselle:”La Historia de la cruz de San Lorenzo”

calle tradicional en Fermoselle (Zamora)

calle tradicional en Fermoselle (Zamora)

Peatonalización en el camino del Castillo-Fermoselle
Peatonalización en el camino del Castillo-Fermoselle
Fermoselle-camino de la Cruz de San Lorenzo
Fermoselle-camino de la Cruz de San Lorenzo

Mi apreciado paisano Luis Alvarez, natural de la villa fermosellana de Fermoselle me habló hace días de una historia de rencillas terminada en tragedia… Me recordó  a una historia parecida contada por mi abuela Anastasia Sánchez Martín, y ocurrida antes de la guerra civil allá en tierras de Aldeadávila.

La historia que me pasa Luis, está recogida en el libro: Donde Sayago termina…” pp.81 al 84, y dice así:

“Y ya casi al salir del pueblo por las Fontanicas, se oye al ayudante de don Jerónimo el albéitar, que calza a una mula. Sus golpes seguirán llegando hasta nosotros cuando ya estamos lejos, en la carretera.

Mas poco importan los rumores. Verdad que ahora escuchamos el chirriar de un cigüeñal, que hunde su vara con la herrada en las entrañas frescas de un pozo, en una huerta cualquiera en la que andan a regar, al tiempo que nos llega, ¿cómo podría faltar? el cariñoso y turbador rumor de una pareja de rollas, que celebran bodas en su nido.

 Esta noche ha llovido y huele a tierra mojada, prometedora y fecunda. Por entre los resquicios de las peñas han nacido las violetas humildes, en roldes, al umbrío de aroma fino y sutil en esta mañana limpia. Los árboles abren ahora sus yemas y despliegan sus amentos, y perfúmase fuertemente el camino al andar, cuando hollamos las matas de los tomillos salsero y aceitunero, los almoraduces y hortelanas.

El aire está muy puro, tanto que, desde la Ronda, llega a verse el humo del tren portugués allá en lo alto, muy lejos. A poco y débil llega atenuado el silbo de su locomotora. Tren que no exentos de melancolía, oyen en las tranquilas noches veraniegas los fermosellanos, y cuyas lucecitas ven pasar un momento, lejanas.

Por el camino tortuoso que baja hasta el Tormes, entre musgos amarillentos y verdes aceos, va don Ambrosio el cura en su pollina, resiganada y mansita. De ambaladura tranquila, va leyendo el breviario que sostiene entre sus manos, ajeno al paisaje  que le rodea. De trecho en trecho, cuando el animalito vacila o se detiene, antes de franquear un mal paso, alza la vista mirando a las viñas, en las que empiezan a brotar unas hojitas tiernas.

Hace don Ambrosio un breve alto con unos hombres, que trabajan sus tierras en las Peñicas para echar con ellos un cigarro. A poco de este encuentro habrá una nueva parada. Baja de la burra que deja atada a una cerca. Anda pocos pasos hasta dar con una cruz de hierro, con pintura metalizada, que se hinca en un amplio dado granítico. Aparentemente normal, vista de cerca, tiene la cruz algo extraño. Son sajaduras que allí se han marcado, manifiestamente adrede y la llenan por todas partes. Cuáles más largas, otras más leves y cortas. En un recuadro, que corresponde al lugar que ocuparía el corazón del crucificado, si lo hibiera, hay varias señales. La cruz porta consigo más de sesenta muescas bien visibles.

¿Por qué está allí la cruz y qué representa?

Pasó ya hace muchos años, tantos, que rondan con el siglo. Don Manuel González, médico de Villarino, el inmediato pueblo salmantino de la otra banda del Tormes, tenía novia en Fermoselle. Una noche riñó con los mozos por cuestiones de honrilla y celos tontos, como ocurre cada vez que una moza de la villa es requerida por un forastero. Don Manuel iba a verla a caballo todos los sábados, y regresaba el domingo por la noche, después de haberla rondado. Tras sus palabras con los mozos, el inmediato domingo, su caballo que iba al galope, tropezó con unas piedras y cuerdas que interceptaban su camino. Cayó el jinete, y hasta media docena de mozos lo hicieron sobre él, cosiendo su cuerpo a puñaladas. A la mañana siguiente unos hombres que iban a labrar las viñas a Las Horretanas, hallaron su cadáver, cercano a la ermita de San Lorenzo, medio escondido entre unas matas. Téngase empero en cuenta que lo anterior es en buena parte mera conjetura aproximada, pues nadie a ciencia cierta os dirá cómo aconteció el bárbaro crimen, y repetimos lo que es tradición común en Fermoselle.

Un día cualquiera, meses más tarde, apareció la cruz tal como hoy se encuentra, al borde del camino, en el lugar mismo del crimen. Era de hierro y con la singularidad de tener grabadas en ella, las sesenta y tantas puñaladas que aquella noche le asestaron. Los golpes con su hondura, estaban perfectamente marcados. Nadie sabe aún quién la puso ni cómo; apareció allí y basta.

En el amplio basamento berroqueño en que se espeta, una inscripción muy firmemente labrada, en tres de sus caras, dice así:

AQUI FUE ASESINADO DON MAN/EL GONZALEZ CIRUJANO POR MA/O DE TRAIDORES. 18 TBRE? 1848.

Don Ambrosio ha rezado ante ella un momento, como acostumbra a hacer siempre que va a visitar su olivar de Valcuevo, como hoy, en que ha dejado encargado al coadjutor las tareas de la parroquia y el ocuparse del ángelus meridiano.

Ya en la noche, el cura ha ido a jugar su habitual partida a la botica de don Leocadio y demás contertulios. Antes de comenzarla, y de que los naipes inicien su ronda y agitado vaivén, don Ambrosio ha comentado con sus amigos aquel extraño crimen, ya tan lejano, pero que ha dejado patente un cierto resentimiento entre Villarino y Fermoselle, no extinguido aún.

Todos han dado su opinión sobre el caso, pues conocen bien la Cruz de San Lorenzo, como es llamada en el pueblo, por haberla visto docenas de veces al pasar por allí, en sus partidas de caza o en los viajes a Salamanca, cosa de media legua de la última casa fermosellana.

Pocos minutos más tarde el juego está caliente y todos, cura incluido, han olvidado el misterioso suceso, pues sólo imperan con su ley, oros, copas, espadas y bastos.

Y hasta aquí esta leyenda del siglo XIX, rescatada de la bella localidad de Fermoselle, unida a Villarino y al resto de las Arribes.

Fermoselle, con su casco histórico, bien merece una visita a quien se acerque desde Zamora, y como dice mi tía Josefa Gallego:

              “Dos capitales hay:

               Fermoselle y Salamanca”.

Nuestra propia idiosincrasia

Chozo típico de las Arribes

Chozo típico de las Arribes

Si ya es cierto que la mayor parte de los pueblos y ciudades tratan de definir sus señas de identidad, sus particularidades con gran fuerza, si marcan sus diferencias, este hecho del individualismo se da quizás con más fuerza en nuestra tierra, en las Arribes.

Expresiones como: “es forastero”, “Volvía al pueblo porque no me sentaban bien los aires de..”, “los de Masueco son..”, para los de Corporario, “los de Aldeadávila son..”

Este afán por la diferenciación llegaba al paroxismo, como cuando los de Villarino y Fermoselle se liaban a pedradas, o lo mismo los de diferentes barrios de Aldeadávila, es decir, dentro de la misma población tiende a reproducirse el modelo.

La visión que tenemos actualmente de Aldeadávila como “un pueblo único y agrupado”, que ha nacido creciendo, es lo más alejado de la realidad, ésta es una idea reciente en la historia, procede de las ideas de fines del s.XV, y sobre todo del XVIII. Esta unión de los diferentes núcleos, con la preponderancia de uno de ellos -aldea d’Auila-, que comenzó a darse en el último cuarto del siglo XV, además no fue una idea original nuestra- me refiero de Aldeadávila- sino una necesidad de defensa y económica que sintieron los habitantes de pequeñas aldeas como Quadrilleros y Alcornocal para poder defenderse de los ataques de nobles poderosos, como el que fuera regidor de Salamanca, García de Ledesma. De estas pequeñas aldeas, nos quedan el registro de iglesias que dependían del curato de Corporario y de Aldeadávila, allá en el siglo XIV y XIV, y de una de ellas la iglesia del s.XIII, por fin reconvertida en monumento y restaurada por el propio Ayuntamiento de Aldeadávila, no sin muchas dificultades, y con poca ayuda. Se conservan los muros de contrafuerte del s.XIII, así como símbolos románicos en su cara Este, y hoy en día es la Oficina de Turismo y Centro de Recepción de Visitantes.

También es necesario situar correctamente la visión que tenemos de las ermitas históricas de Aldeadávila y de Corporario, así como del mito-leyenda de Santa Marina, que no es de Las Uces, según González-Dávila y el Abade de Baçal, sino que sería de Mogadouro. estas ermitas históricas hay que situarlas en un plano comparativo provincial, e incluso de ambos lados de la raya del Duero-Douro: las ermitas, su construcción marcaban en la mayor parte de los casos la ubicación de aquellos lugares que decíamos, y en algún otro caso, o momento de la Historia, se utilizaron como asistencia a peregrinos y enfermos que transitaban por los caminos, y eran tan frecuentes en la Edad Media; frecuentes por las guerras, las luchas continuas, el hambre, las pestes y las expropiaciones de tierras por los nobles.

También hay que romper el mito, de tratar de asociar arcos o fechas de una determinada reforma con la obra en su conjunto, estos arcos, de la segunda mitad del s.XVIII se levantan en un momento de bonanza económica, sobre una obra muy antigua, y también en el momento en que se decreta la demolición de las ermitas de Santiago, San Pelayo y San Marcos.

Todas estas ermitas han visto a lo largo de los siglos, desde el XIII hasta la actualidad numerosas obras, ampliaciones, restauraciones, etc., gracias a ellas las conservamos, pero para ello es necesario analizar las fases de su construcción, sin realizar análisis simplistas.

Los moriscos en Aldeadávila. 1590

La población morisca en Aldeadávila
Al antiguo sustrato árabe de las antiguas localidades de Aldeadávila, Pereña, Masueco, etc., a raíz de la crisis de la población morisca bajo el reinado de Felipe II se van a añadir contingentes importantes, procedentes de Valencia y Andalucía en los repartos de 1581 y 1589:
Así, sabemos que en 1581, en la provincia de salamanca tocaron los siguientes contingentes:

Calle de Aldeadávila

Calle de Aldeadávila

Alba de Tormes: 132 familias moriscas, Almenara de Tormes: 1, Ciudad Rodrigo:129, Guadramiro:4, Ledesma:1, Lumbrales:1, Rollán:1, La Sagrada:2, etc.
Sorprende el reparto de 1589 y cómo le afecta a Aldeadávila: 23 familias, Béjar: 99, Puerto de Béjar:7, Retortillo:13.
La población morisca, según diversos autores ejercieron principalmente actividad en la agricultura, y aunque eran respetados, debían de mantener sus creencias fuera de la corriente católica tan exacerbada en aquella época, por lo que se tendió a recluirles en barrios apartados del resto de la población, igual que ocurría en los dos siglos anteriores con los judíos, lo que dio lugar a un poblamiento morisco muy abiggardo, que sobresale aún hoy en día en determinadas poblaciones, como es el caso de Aldeadávila, lo vemos en la siguiente figura, en el denominado Barrio de Arriba y La Sierra:
La población morisca residente en los principales concejos de Salamanca, también contribuyó con su presencia a enrarecer el clima religioso y sociológico de aquellos años. Sorprende que en la comarca de las Arribes, y en el territorio del antiguo Concejo de Ledesma, sólo hubiera población mudéjar en Aldeadávila, a excepción hecha de otras dos familias. De hecho, sobre el total de familias pecheras de Aldeadávila, los mudéjares, a raíz de esta incorporación en el siglo XVI suponían entre un 8 y 10% sobre el total, cifra sorprendente. Términos como Barruecopardo, Vitigudino, Lumbrales, Masueco, Villarino, Pereña con una población semejante a la de Aldeadávila no contaban con ningún efectivo. En 1610 se procede a dictar el decreto de expulsión de los moriscos del Reino de Castilla.

Primeros documentos históricos de las Arribes salmantinas

Cara Sur de la Iglesia de Aldeadávila

Cara Sur de la Iglesia de Aldeadávila

Tradicionalmente se ha considerado que los primeros documentos históricos de las poblaciones de las Arribes salmantinas procedían muy tardíamente de la segunda mitad del s.XVI, y ello era debido a la composición de los archivos municipales o parroquiales, que se comenzaron a redactar en dichos años.
La digitalización abundante de libros y archivos que se viene produciendo en los últimos años, ha venido a traer luz en este asunto, y a situar la historia de nuestros pueblos en su verdadera cronología, y a que podamos rescatar parte de su historia.
Las primeras noticias que tenemos de señoríos y andanzas caballerescas en estas lindes fronterizas datan de mediados del s.XII, en tierras de Berrueco-pardo, Bilbestre y el Carpio:
“El Rey Don Alfonso llamó a Nuño Gil el gran caballero de Auila, que fuese a combatir con él… É a la guerra que ovo con el Rey de Leon sirvieronle, otrosi, bien e lealmente. Tovieron castellanos en el reyno de Leon:
Blasco Muñoz el Soberbioso tobo el Carpio
É Nuño Mateos Monterreal é al Pablo é Berrueco Pardo.”
Estos caballeros vencieron al Concejo de Salamanca, el día que el rey don Alfonso venció la batalla de Úbeda, es decir en el año 1212.
De esta época data el primitivo castillo de Berrueco-pardo que pasó por muchas vicisitudes a lo largo de su historia: entre los años 1167 a 1184 figura como tenente de los concejos de Zamora, Salamanca y Ledesma el Conde Armengol VII, de estos años data la concesión del fuero a la villa de Barrueco, que pasaría en tiempo muy breve a la Orden de Santiago. Ya en 1220 las aldeas de Berrueco pardo, Pelayo (Alpalio) y Saucelle pasan al poder de la Orden de Santiago, a pesar de la fuerte oposición del Concejo de Ledesma.
Las primitivas aldeas del Concejo de Villa y Tierra de Ledesma, ya tenían hacia 1265 la suficiente entidad como para buscar la financiación de la construcción de sus nuevas iglesias, y esta información ha sido estudiada recientemente por el profesor Bienvenido García Martín. Se trata de la primera lista de poblaciones conocida hasta ahora. El documento empieza:
“Summa Libro a todos los préstamos que la iglesia Catedral de la Ciudad de Salamanca ha e tiene en la dicha ciudad e en sus tierras e término e en la villa de Ledesma e su término e en la villa de Medina e en su término e en la villa de Monleón, los cuales comienzan de esta manera”
En concreto, con referencia a las tierras de las Arribes son:
Almendra, Travanca, Cabeça de Framontano, Villarino, Perenna, Bidola, Penalfange, Fontes, Cabeça de Caballo, Villar, Simirera, Aveto, Massoco, Sarça de Canosapo, Corporario, Aldeadávila, Mieça, Bilvestre, Barruecopardo, Sazele, Villabonos, Robredo de la Casa, Milana, Saldenna, Valderrodrigo…
Y otras localidades del entorno de Vitigudino:
Barteo, Bartillino, Allazares, Villar de Ciervos, Robredo Fermoso, Valsalabroso, Sanchón, Gadramiro, Elvira Godino, Ecra, Moronta…
Seguramente nuestros lectores identificarán fácilmente en nuestra geografía salmantina gran parte de estas poblaciones, aunque no todas… ello es debido a que muy pronto, ya en el s. XIV empiezan a despoblarse algunas de ellas: Penalfange, Simirera, Aveto, Robredo de la Casa. En el entorno de Aldeadávila se tienen contabilizados por los documentos históricos algunos de ellos: Quadrilleros, Alcornocal, La Revilla de Aldeadávila, Robredo o Robledo, etc.
Pero muy pronto, todas las localidades que posteriormente (s.XVII) conformarían la comarca de La Ribera, iban a ser testigos de la disputa entre infantes de la Corona de Castilla y del Concejo de Ledesma; nos estamos refiriendo a los años de 1290 a 1322, a las Cortes de Castilla que se celebran repetidamente entre Burgos y Valladolid, el texto es el siguiente:
“Otrosí que las villas é los logares que fueron de Don Alfonso fijo del Infante Don Fernando, é de Don Sancho fijo del Infante Don Pedro, que son Beiar, é Montemaior, é Miranda, é Granada[1], é Galisteo, é Alba, é Salvatierra é Ledesma con todos sus términos, que estas dichas villas que non sean dadas a Reynos, nin á infanzones, nin á ricos omes, nin á cavalleros, nin á los dichos Don Alfonso nin á Don Pedro que se lama fijo de Don Sancho, nin á ninguno de los regnos nin de fuera de los regnos, nin dean metidos á juicio, mas que finquen Reales segunt en tiempo del Rey Don Fernando que ganó á Sevilla.
Otrosí confirmamos al concejo de Ledesma que haian sus aldeas que son estas: Penna, Villarino d’Arias, Darlos, La Cabeza de fuera mercados, Aldea d’Auila, Mieza…”
La reclamación de los dos procuradores de Ledesma ante los regentes del reino está fundada, como luego ocurriría tantas veces en la Historia de esta tierra, en la no devolución de tierras por parte de algunos señores feudales, en este caso del infante Sancho Pérez, salmantino.
En esta tierra de las Arribes, al igual que en otras comarcas históricas de nuestra provincia, se han producido muchas vicisitudes históricas, que han influido notablemente en su desarrollo posterior, y que empezamos por fin a conocer, historias que tienen que ver con la expulsión de los judíos de Ledesma y Vilvestre, de regidores que se acastillan en Pereña, de nobles que intentan amedrentar a las gentes de Masueco y Aldeadávila, de las vicisitudes de familias moriscas en esta última población en 1590, de curas-Licenciados que reclaman ante el propio rey Fernando el Católico, etc. Permítanos el lector dejar estas historias para otro artículo.

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Al final del Vídeo, el cañón de las Arribes con el barco de Aldeadávila al fondo.