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El Cancionero salmantino

Don Miguel de unamuno con un alcalde de las Arribes en 1898 (Cortesía de la Oficina de Turismo de Aldeadávila de la Ribera y TV Popular)
Los habitantes de los pueblos más occidentales “los de la Ribera” o “reviranos (riberanos)”, como son los de Villarino de los Aires (“villarejos”) son calificados de “pleitistas”, también los “pereñalos” gentilicio de los de Pereña – que algunos mal intencionados califican de más peligrosos que los anteriores; a los riberanos también se les califica de buenos tratantes y comerciantes –como los de Aldeadávila: “aldeavilenses”- quizás sea un rasgo conservado desde la tradición árabe. Los habitantes de la Cabeza de Framontanos y de Trabanca, que se consideran como pueblos hermanos dicen de sí mismos “que la gente pá quí no es mala”, en comparación, los de la Ribera “son más tirados pá’lante. Se cogen en todo lo que hay, y a lo mejor pá’ná”. Ellos, los de Trabanca son más nobles que los “almendrucos” (de Almendra), o que los de Ahigal, “que son más zorros”…
De esta mitad de siglo XIX procede la “Copla de los Pueblos”, recogida de Molinera con el nº23 y recopliada por Dámaso Ledesma en 1.907 en su “Cancionero Salmantino”:
“En Santo Tomé, chorizo;
el pescado en Torrecilla,
de Aldeadávila, los vinos;
los buenos, que no son ellos;
de Corporario, los majos,
de Masueco, los guinderos.
De Villarino, pleitistas,
pleitean por una ochavo;
de Ledesma son los gatos
que aruñan con mucho ahínco,
que a las bolsas de los ricos
bien se las dejan en limpio…”
Como se ve, se trata de una copla, en la que utilizando como recurso o excusa los productos típicos de cada pueblo, satiriza sobre la personalidad de sus gentes: en Aldeadávila son buenos sólo los vinos, y en Ledesma abundan los ricos, o falsos ricos sin bolsa…
Fuenete: “Historia inédita de las Arribes “, pp.159-160
Salamanca: la herencia de los Marqueses del Caballero
El 1º Marqués del Caballero, ayudante de carabineros reales de Carlos IV recibe el título de Marqués, después de librar al rey de recibir una bala en la batalla de Nápoles, pero sin carácter hereditario, que reclamaría después su sobrino José Antonio.
Durante los siglos XVIII y XIX el título lo ostentaron:
1º: Gerónimo Manuel Caballero y Vicente del Campo
2º: José Antonio Caballero y Cabalero del Pozo, casa con Margarita Cerdán
3º: Gabriela Caballero Cerdán casa primero con Fernanado Montoya, y en segundas nupcias con Andrés Rivero.
4º: Fernando Montoya
5º: Soledad Montoya y Caballero casa con José Moyano
La riqueza acumulada por el 2º Marqués, ministro de Carlos IV fue inmensa, con grandes propiedades en salamanca, Ávila, Piedrahita, El Barco de Ávila y Madrid. Conocemos todas sus proiedades y su valor por un célebre juicio desarrollado en el Tribunal Supremo de Madrid en 1.867, a cuenta de desavenencias entre sus herederos, y en resumen su herencia era la siguiente, en la Provincia de Salamanca y Ávila:
“RESULTANDO que después de ello el Comisionado Régio otorgó escritura de venta de la citada Encomienda en 15 de Febrero de 1808 á favor de D. José Antonio Caballero, por el precio de 1.864.239 reales y 7 y un tercio maravedís, que pagó en vales reales:
RESULTANDO que por escritura de 25 de Abril del mismo año (1.808), el Don José y los otros testamentarios de D. Gerónimo Caballero adjudicaron al mayorazgo de este el derecho de patronato y presentacion de las iglesias y curatos de San Juan de Barbalos y Narrillos, y el del patronato de las ermitas del Cristo de Jerusalén, San Pedro del Arroyo y Caballeros, con todas las ejecuciones, prerrogativas, preeminencias y regalías con que le habían sido vendidas al Don José; la casa principal de dicha Encomienda en Salamanca, frente á la iglesia de San Juan de Barbalos con diferentes oficinas, caballeriza, dos paneras, corral y una huerta grande; la heredad de tierra de pan llevar que el propio Don José gozaba por suya propia, adquirida también de la indicada Encmienda en el lugar del Pino, jurisdicción de Salamanca; un pajar que había sido antes una casa; una panera y 102 tierras de pan llevar sitas en el término del lugar de Turra, jurisdicción de Alba de Tormes; 13 tierras de pan llevar en el lugar de Siana; 10 tierras, tres viñas y tres prados en el de Ortigosa; 12 tierras en el despoblado de Berrandilla, y la dehesa término redondo de Penarro, todo de la jurisdicción de Avila, y el término redondo del lugar de caballeros que radicaba en Piedrahita y el Barco de Avila, con la jurisdicción y derechos que pertenecían al Don José en estas propiedades, según la escritura de 15 de Febrero de aquel año de 1.808; y espresaron que estas fincas, patronatos y derechos valían, no solamente los 392.177 reales que habían de invertirse en adquirir bienes para el vínculo del Don Gerónimo, sino mas aún, por lo cual quedaba cumplida la obligación contraída en la escritura de 28 de Julio de 1807″
Es decir, el valor de esta Encomienda y y bienes materiales se valoraba en 1.808 en 2.256.416 reales aproximadamente, una de las mayores fortunas de su época.
Como avance de posteriores informaciones sobre los Marqueses del Caballero, os paso una descripción realizada por Benito Pérez Galdós, contenida en su obra: “La Corte de Carlos IV” (serie: “Episodios Nacionales”), muchos años después de conocer a José Antonio Caballero, y que nos muestra la profunda impresión que creó en el novelista nuestro paisano:
“No vi a semejante hombre más que una vez, y jamás lo he olvidado. Era de edad como de cincuenta años, pequeño y rechoncho de cuerpo, turbia y traidora la mirada de uno de sus ojos, pues el otro estaba cerrado a toda luz; con el semblante amoratado y granulento como de persona a quien envilece y trastorna el vino; de andar y gestos sumamente ordinarios: en tanto grado repugnante y soez toda su persona, que era preciso suponerle dotado de extraordinarios talentos para comprender cómo se podía ser ministro con tan innoble estampa. Pero no, señores míos. El marqués Caballero era tan despreciable en lo moral como en lo físico, pudiendo decirse que jamás cuerpo alguno encarnó de un modo tan fiel los ruines sentimientos y bajas ideas de un alma. Hombre nulo, ignorante, sin más habilidad que la intriga, era el tipo del leguleyo chismoso y tramoyista que funda su ciencia en conocer no los principios, sino los escondrijos, las tortuosidades y las fórmulas escurridizas del derecho, para enredar a su antojo las cosas más sencillas.
Nadie podía explicarse su encumbramiento tanto más enigmático, cuanto que el omnipotente Godoy no pasaba por amigo suyo, mas debió aquél consistir en que, habiéndose introducido en palacio y héchose valer, merced a viles intrigas de escalera abajo, usó como instrumento de su ambición cerca del Rey, la Iglesia; y adulando la religiosidad del pobre Carlos, pintándole imaginarios peligros y haciendo depender la seguridad del trono de la adopción de una política restrictiva en negocios eclesiásticos, logró hacerse necesario en la corte. El mismo Godoy no pudo apartarle del gobierno ni poner coto a las medidas dictadas por el bestial fanatismo del ministro de Gracia y Justicia, quien después de haber perseguido a muchos ilustres hombres de su época, y encarcelado a Jovellanos, remató su gloriosa carrera contribuyendo a derribar al mismo Príncipe de la Paz, en Marzo de 1808.
Damos estas ligeras noticias respecto a un hombre que gozaba entonces de justa y general antipatía, para que se vea que la elevación de tontos y ruines y ordinarios, no es, como algunos creen, desdicha peculiar de los modernos tiempos.”
José Antonio Caballero retratado por Goya (Museo del Prado).
Pereña de la Ribera: el rayo, la torre y patrimonio
Ayer nos hemos sobresaltado, todos aquellos que admiramos esta tierra de Las Arribes con una noticia: un rayo cae sobre la espadaña de la Torre de Pereña y causa graves desperfectos en la espadaña y en parte de la balconada, etc. La noticia íntegra es la siguiente:
Un rayo fulmina la espadaña de la iglesia parroquial de Pereña
Salamanca24horas.com
La bonita espadaña ha quedado casi destruida por la descarga de un rayo caído en una fuerte tormenta que tuvo lugar sobre las tres de la madrugada
24/05/2009
Esta descarga no sólo dañó la espadaña, sino que también afectó seriamente a la techumbre del templo, al caer las piedras sobre el tejado y a las casas de los alrededores. Todo ello produjo un enorme susto en los vecinos que, en muchos casos, han visto cómo sus instalaciones eléctricas están seriamente dañadas.”
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| Arriba, como ha quedado la espadaña; debajo, cómo era la espadaña antes del rayoLas Torres de Aldeadávila y de Vitigudino, tan semejantes, y coetáneas en su reforma de la segunda mitad del siglo XVI son más conocidas, pero la iglesia de Pereña, y en concreto su Torre son un bello ejemplo de arquitectura arribeña. Esta Torre con sus bellas bolas de gótico isabelino y su bellísima balconada ya hace tiempo que merecía una atención por parte de la FUNDACIÓN PARA EL PATRIMONIO DE CASTILLA Y LEÓN, pues varias piezas de la balconada se habían repuesto sin piedra labrada, y había varios desperfectos a la vista.Esta Torre fue aquella que vió el episodio de la expulsión de los judíos de las Tierras de Las Arribes: judíos de Vilvestre y de Ledesma principalmente.
Durante el reinado de los Reyes Católicos, entre 1.494 y 1.497, tenemos la siguiente refrencia histórica muy importante sobre la existencia de comunidades de judíos en “Ledesma y en Bilbestre”, que debían ser dueños de tierras, y se encargó por parte del Duque de Alburquerque su expulsión a D. Alonso de Sejas (encargado de la expulsión de los judíos) a través de unos caminos señalados[1]:
Igualmente, los justicias de Ledesma recibieron orden de ir a Pereña, o donde fuera necesario, para prender a Pedro de Miranda, que era pasador de los judíos fuera de los caminos señalados[1], y a García de Ledesma , y a Pedro Herrero, quienes habían intentado matar a Alonso de Sejas, encargado de que se cumpliera la salida de los judíos por los caminos estipulados para tal cosa en el término de la mencionada villa -Ledesma- y en Vilvestre.
Esta bella Torre medieval, bien merece una escelente restauración, y una atención por parte de Patrimonio y del Obispado. [1] Este el fue el delito del que se le acusa a don Pedro de Miranda, noble gallego, y por el que fue condenado a morir.
[1] CARCELLER CERVIÑO, Mª del Pilar: “Realidad y representación de la nobleza castellana del siglo XV. El linaje De la Cueva y la Casa ducal de Alburquerque”. Cap: “ II-Continúan los efectos de la expulsión de los judíos de los señoríos del duque de Alburquerque”, Madrid 2006. ISBN: 978-84-669-2982-0.
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Don Miguel de Unamuno y el Tío Mateo de Masueco
“En mi segundo viaje soslayamos Masueco, al caer la tarde, en dirección a Aldeadávila, mas el primero fue mi centro de excursión y el primer pueblo de la Ribera a que llegué. Y lo cierto es que iba con impaciencia por dar vista al negrillo, que era, según el tío Mateo, nuestro guía, el primero de España, y tal vez del mundo, en corpulencia. No le iba muy en zaga el otro, colosal también, al que conoció de retoño el tío Mateo, haciéndole bambolear la cabeza como cuando juegan a las migas los muchachos. ¡Lo que son los árboles¡
Así crecen ellos, sin duelos, penas ni cuidados, ahondando sus raíces en la misma tierra que nacieron, mientras abren su copa al mismo cielo siempre, formando en el otoño con los despojos de su follaje el mantillo que les nutra de jugos, para reverdecer en primavera…”
Me van a disculpar nuestros amigos de Masueco, por poner la fotografía de un negrillo distinto, pero no he encontrado los restos de los dos negrillos visitados por Don Miguel. La corpulencia del negrillo existente en Aldeadávila, centenario, puede darnos una cierta idea del colosal tamaño de los dos ejemplares de Masueco, que tendrían entre 70-80 años más de edad, es decir serían de la década de 1820 según mis cálculos.
En cuanto al Chopo de la Oficina de Turismo de Aldeadávila, también tiene su pequeña historia: plantado hacia 1.898, creció muy rápidamente, y en el pueblo se especulaba el porqué. En la década de 1.920 ya podían subirse varias personas a él, y durante la celebración de la Feria Anual de San Bartolomé el ganado era muy habitual atarlo a él.
Fuente: Anastasia Sánchez Martín, nacida en Aldeadávila en 1.890.
Duante los pocos años que se celebraron encierros en esta calle, era digno de verse la cantidad de gente que se subía a él para poder ver los encierros.
Salamanca: La fiesta de los toros. Siglo XVI
La situación durante el Renacimiento salmantino es muy floreciente en las principales localidades de las Arribes , y los mozos pueden permitirse el costear festejos, como el caso de las fiestas del toro. Lo habitual en la segunda mitad del siglo XVI parece ser lidiar y torear un toro. Ya antes de 1.565 está comprobada la presencia de estas fiestas en Aldeadávila y en Ciudad Rodrigo.
El autor Eusebio Fernández ha extractado de los archivos municipales que en 1.575 los mozos de Aldeadávila vuelven a comprar un toro, después de 10 años de prohibición eclesiástica. Para ello el pintor Juan Bautista entrega como aportación la cantidad de 10 ducados.
Por aquel entonces, en Ciudad Rodrigo la afición también era grande, y la prohibición llegó nada más y nada menos que de mano del Papa: “En Ciudad Rodrigo, en el siglo XVI se corrían toros en la Plaza Mayor todos los días de fiesta en verano, y a veces también en invierno. Era tal la afición mirobrigense a los toros, que cuando el Papa prohibió las corridas “a coso cerrado” descubrieron la manera de burlar esta prohibición, y comenzaron a correr los toros por las calles de la ciudad cerrando las murallas, incluso por las noches.
De finales del s.XVII parece proceder la célebre copla “El Toro de Aldeadávila” recogida por el Padre agustino Fray Alonso Sendín, natural de Aldeadávila y rescatada por el filólogo Dámaso Alonso en 1.907 en Mieza, lo que parece indicar una amplia difusión por las Arribes:
“Toreu, tira la capa,
Toreu, tira el capoti,
Toreu tira la capa,
Mira que el toru te cogi
Toreu sal de la plaza…”



