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“El tren de las Arribes” en la literatura española del siglo XIX

Tren correo de La Fregeneda

Tren correo de La Fregeneda

Barca de la Aduana de Aldeadávila en 1906
Barca de la Aduana de Aldeadávila en 1906

Ayer nos pedía Dasnio que publicáramos más información de un tema que continúa de actualidad: la recuperación para uso turístico del BIC “Tren de La Fuente de San Esteban a La Fregeneda y Barca D’Alva”.

En la revista ilustrada madrileña “La Ilustración española y americana” de 1897, 30 de julio, el autor Zeda publica un bonito cuento, probablemente basado en tradiciones orales que había escuchado en las Arribes salmantinas. Hacía sólo 10 años que se había inaugurado nuestra vía férrea…

El autor, bajo el pseudónimo de Zeda es el periodista Francisco Fernández Villegas (1856-1916), que formó parte de un grupo de periodistas salmantinos ilustrados, que ya antes de 1890 se destacan por el estudio de Cuentos populares y del folklore popular de nuestra tierra: una especie de nuevo renacimiento salmantino que terminaría desembocando en Unamuno.

 

“El Salto del Gitano”

“Nadie le había visto: la calle estaba solitaria, y apenas apuntaba el día. Un poco de resplandor por el Oriente, y nada más. Serían las cuatro de la madrugada.

-         ¡Oh! Si siempre fuera de noche…

Todo sombras, todo obscuridad: el sol es un delator -pensaba el fugitivo deslizándose cuidadosamente junto á las tapias de adobes que forman las callejas del pueblo.

De repente se detuvo.

-         ¿Eh?.¿Quién va?. Nadie le contestó!

-         ¡Bah! Es un árbol; respiro…Pues no había creido que era un hombre…

Pensaba que no iba a acabarse este maldito lugar…

Llegó a la carretera, cuya larga cinta blanqueaba por entre tierras de labor á la claridad aun incierta de la mañana.

-         ¡El campo! Aquí no corro peligro de que me sorprendan. Si me persiguen, no me faltará una zanja ó un matorral donde esconderme. Tengo cinco horas por delante; á legua por hora, cinco leguas. La frontera de Portugal está a ocho de aquí. Al anochecer habré pasado el Duero, y una vez en la otra orilla, nada tengo que temer. Iré a Lisboa ó á Oporto…y después a América. ¡Cinco horas!

Hasta las ocho de la mañana nadie advertirá, que la puerta del sr. Juan no se abre. Acudirá gente. Llamará…no responderá nadie. ¿Y quién ha de contestar?; los muertos no hablan. Luego irá la justicia. Entrara; primero el portal; después la sala; allí el arcón abierto y las ropas revueltas. En la alcoba, al pie de la cama, el señor Juan con los brazos en cruz, el corazón partido de una puñalada y los ojos abiertos, muy abiertos!…

-         “No me asesines, decía: te daré lo que quieras, pero por Dios no me mates”.

Y se abrazaba a mis rodillas.

- “Te juro que no te denunciaré, que no hablaré…”

¡Para que yo le creyera!…¡No; los muertos no hablan!

Se quedó con los ojos abiertos, mirándome espantado…

¡Todavía los veo!…¡Oh, pero ellos no ven, no ven! Tengo sangre en las manos. Me las lavaré en el primer arroyo que encuentre.

Detuvóse un momento y miró enderredor suyo. Centrajose su boca con repugnante sonrisa.

-         Aquí están; junto a mi pecho…Uno, dos, diez, veinte, treinta. ¡Treinta mil pesetas!

¿Tendrán salpicaduras de sangre los billetes?¡Soy rico!…

Y pensar que hace pocas horas no tenía ni unos cuántos céntimos para matar el hambre…Él, en cambio, tierras, casas y dinero. Bastante tiempo ha disfrutado de sus riquezas…¡Setenta años!…

¿Qué le quedaba por vivir?…¡Maldición! No tengo zapatos. Me los quité para entrar sin ruido en la alcoba. Caminar un día entero descalzo y a campo travieso. ¡Torpe de mí!…

Era ya de día; el fugitico se apartó de la carretera. En derredor suyo se extendía el campo solitario y triste.

-         Ya me he hecho sangre en los pies. ¡Malditos abrojos!…

¡Qué contentos vienen aquellos pastores!. ¡Cantad, cantad, imbéciles! Trabajad como bestias…sudad como bueyes sobre el surco…Yo seré libre: siy rico.

Dos horas hacía que había salido del pueblo. Caminaba rápidamente, sin volver la vista atrás, sin dirigir una sola mirada a la torre del pueblo, cuyas ventanas parecían ojos muy abiertos que miraban a lo lejos. Al llegar cerca del pueblo N….. se detuvo breves instantes.

-         A las seis y media llega á la estación el tren de Portugal; á las nueve en la frontera. Si yo me atreviese…¡Imposible! No tengo otro dinero que estos billetes. Dar mil pesetas un hombre descalzo para pagar un billete de tercera!…¿Cómo tienes tú este dinero? Me registrarían, verían esta sangre…

-          “¡Ladrón! ¡Asesino! ¡A la cárcel…” ¡Y luego la Audiencia, la capilla, el patíbulo!…No,no..Adelante aunque me despedace los pies con los guijarros y las espinas.

Lejos silbó el tren: oyóse a poco el resuello de la locomotora y el rodar de la enorme masa. Detúvose en la estación, y se alejó silbando de nuevo y sembrando el aire de bocanadas de humo que el sol naciente doraba y el viento deshacía.

-         Corre, corre…¡Oh! ¡Quién pudiera correr como él!…Todavía corre más el telégrafo. Dentro de dos horas esos palos y esos alambres que parecen mudos, gritarán con voz que se oirá a cientos de leguas…

-         ¡Al asesino!…

Cerca de la senda por donde el hombre caminaba estendíase un monte de robles y encinas. El fugitivo se internó entre los árboles.

Aquí es más fácil ocultarme que en el campo…¿Qué ruido es ese? Es un vaquero que grita a sus reses…Me ocultaré entre estos carrascos. ¡Qué bien se está aquí! Esta zanja parece una sepultura…

¡Si pudiera dormir!…No, no puedo…Le veo siempre, siempre…Es mejor andar. Cuando esté en salvo podré dormir. ¡Qué dolor en los pies! Estas espinas son peores que los guijarros. ¡Ah! Ruido de agua corriente. Calmaré la sed que me devora, y me lavaré las manos. ¡Ira de dios! Se acerca un rebaño. Si me vieran los pastores…Por aquí, que es lo más espeso.

Y el miserable huyó, ocultándose entre las malezas. Mediaba ya el día cuando salió del monte. A aquella hora su crimen debía de estar ya descubierto. Sin duda le perseguían; quizá á pocos pasos estaba la Guardia civil; y acometido por el vértigo del pavor huyó cayendo y levantando, perseguido por la jauría de sus pensamientos.

Cruzó varias tierras, atravesó un prado y llegó á un paraje en que se cruzaban dos caminos. Tras de breve vacilación tomó el de la derecha, mas lo dejó bien pronto. La senda formaba varios recodos y siguiéndola era fácil encontrarse de repente con algún caminante.

-         ¡Si me descuido!…Aquellos dos hombres son guardias. Los conozco en el brillar de sus carabinas. Me agacharé en este barranco. Siento que el corazón me late en la garganta…Los oigo. Ya están aquí. ¿Se detienen?…parece que pasan…se alejan…Sí, se alejan…¡Un esfuerzo más!…

*  *  *

En el confín del horizonte, por la parte de Poniente, destacábase las cumbres azuladas de una cordillera. Por entre aquellos montes corre el Duero.

-         Adelante, adelante -dijo en voz alta el fugitivo, y aceleró su marcha.

El terreno que pisaba quedaba manchado de sangre.

-¡Dios mío, dame fuerzas!…He dicho Dios mío. ¡Qué necio soy! ¡Como si Dios oyese las súplicas de los asesinos!…¡Si fuera ya de noche!…

Terminada la llanura y empezada la montaña, ásperos pizarrales que hacían pensar en no sé que enorme amontonamiento de lápidas rotas de un cementerio de gigantes. Entre las junturas de aquellas canchas, cuyos bordes desgarraban los pies del caminante, brotaban enfermizas plantas amarillentas. El hombre, más que andaba, se arrastraba hacia la cumbre de los cerros, cada vez más ásperos. El cansancio, el hambre, la sed y las heridas de los pies le hacían detenerse; pero el pavor le daba fuerzas sobrehumanas, y seguía, seguía siempre estampando sangrientas huellas en los peñascos. Aun su misma víctima hubiera tenido lastima de él; tal era la expresión de angustia y dolor de su semblante contraido.

La tarde era serena y tranquila, una tarde de otoño en Castilla. Reclinándose el sol sobre nubes rojizas, enviando sobre los barbechos y rastrojeras sus rayos oblicuos. A largas distancias unos de otros, tal cual caserío, cuya chimenea humeante hacía pensar en la paz del hogar, en la cena sabrosa, en el sueño tranquilo.

-         Los que están allí -pensó el fugitivo contemplando una lejana alquería- no tienen miedo.

Entonces pasó por su memoria el recuerdo de su infancia y de su juventud. La pobre casa en cuyo umbral había gozado de las caricias del sol cuando niños las encinas del monte vecinal, entre cuyas espesas ramas se arrollaban las tórtolas en primavera; la carcava cuyo ruido le asustaba en las largas noches del invierno; la era, cuyas parvas crujían al ser trituradas por los pedernales del trillo; las tierras de labor, cuyos surcos fecundos había él tantas veces empapado con su sudor. También había amado…Los domingos, al caer de la tarde, mozos y mozas al son del tamboril y de la dulzaina, bailaban en la plaza de la aldea…Allí lo vió por primera vez…

¿Qué quedaba de todo aquello?

Más cruel que la áspera subida por los pizarrales de la sierra era aquel recuerdo de sus placeres desvanecidos y de su honradez asesinada.

*  *  *

Cerca del pueblo de Aldeadávila, cuyo caserío se destacaba a los últimos resplandores del sol poniente en el lejano horizonte, corre el Duero. El río, que cuatro kilómetros más arriba tiene una anchura de doscientos metros, se va poco a poco estrechando hasta precipitarse en un cauce de roca viva, tan angosto, que ha sido causa de una tradición y del nombre de “Salto del gitano”.

Cuéntase que uno de estos bohemios, perseguido por la tropa y acosado de tal suerte que no tenía más remedio que morir ó entregarse, tomó carrera, y dando un salto verdaderamente prodigioso, salvó la distancia que media entre las dos orillas.

Cuando el fugitivo llegó al Salto del gitano era bien entrada la noche. El paraje no podía ser más imponente. Rocas enormes que parecían asomarse espantadas á la profunda cortadura; plantas, que colgadas sobre el abismo, agitaban á los impulsos del viento sus desgreñadas cabelleras; árboles que se retorcían como de espanto al borde del tajo, y en lo hondo el sonido amenazador del Duero…

El caminante se detuvo. A la medrosa claridad de la luna que se levantaba en aquel momento, midió con la vista la profundidad de la cortadura y se sentó en el borde de la espantosa sima. Así pasaron algunos momentos; ¡una eternidad!.

De repente oyó voces que se acercaban; levántose como sacudido por una corriente eléctrica. Púsose en pie sobre la roca y miró. Entre los peñascos vio relucir de fusiles. Le buscaban…Sin duda habían servido á los perseguidores las huellas ensangrentadas del caminante. ¿Qué hacer? Ocultarse, imposible; tratar de huir á derecha ó izquierda, era la perdición…¡El salto del gitano!

Anduvo unos cuantos pasos atrá; hizo un salto formidable, y saltó…

Su esfuerzo fue inútil, y el cuerpo del fugitivo cayó al barranco y desapareció entre las aguas del río, que siguió murmurando lúgubre y fatídico en el fondo de la pavorosa cortadura”.

ZEDA, “La Ilustración española y americana”, nºXXVIII, 30 de julio de 1897, Madrid.

http://www.scribd.com/doc/25021391/Del-salto-del-Cauallero-al-SALTO-DE-ALDEADAVILA

Inversiones en Patrimonio en Las Arribes. ALDEADÁVILA

El Rincón de Matilde Cherner en la placita de la Calle Poza, del año 1811

El Rincón de Matilde Cherner en la placita de la Calle Poza, del año 1811

Casa de mediados del s.XVIII en el Bº de Abajo, a la venta
Casa de mediados del s.XVIII en el Bº de Abajo, a la venta

 

El Excmo. Ayuntamiento de Aldeadávila de la Ribera está realizando en estos momentos nuevas inversiones para el embellecimiento de las calles, plazas y principales monumentos del pueblo.

A la ya intensa labor para la conservación de fachadas y elementos arquitectónicos notables de su casco histórico, se une la reciente limpieza y restauración del edificio completo del Humilladero de la Cruz, que en nuestro pueblo conocemos todas por “la ermita del Santo Cristo”, comenzada a construir en la primera mitad del siglo XVII, y finalizada, según reza inscripción en el año 1.812. Este detalle ha sido dado a conocer por los trabajadores que con mimo han procedido a su restauración.

 

Ahora le toca el turno a nuestro precioso callejero, ese pequeño laberinto bien conservado de plazuelas, cuestas, colagones, con su extraño encerramiento elipsoidal, signo de que antaño la entonces aldea disponía de un perímetro cercado de casi 850 metros.

El callejero se agrupa en los cuatro barrios históricos encerrados en dicha elipse: de Abajo, La Atalaya, Peñas, y de Arriba o morisco, pero también las “nuevas” calles que se abrieron con “brechas” en dicho cierre guardan su sabor, con preciosas placitas, rincones llenos de sabor arribeño, y detalles que sólo el viajero observador puede apreciar, pero que ahora el Ayuntamiento nos ofrece a todas, a través de una preciosa señalización en cerámica, que está “al llegar”.

La finalidad de esta señalización o “callejero” es dar a conocer a todas las personas los usos antiguos de nuestras calles, personas que transitaron por ellas y dejaron su huella, edificios históricos, fuentes y caños tradicionales, étc.

Todos nuestros Visitantes podrán disfrutar más de nuestras calles, y de sus pequeños rincones, uniéndose así nuestra Villa, en esta iniciativa a localidades tan hermosas como, por ejemplo La Alberca.

Por estos rincones de fuentes, de piedra labrada de Las Arribes y coquetas placitas vivieron y se esperanzaron con la vida figuras españolas de tanta significación como Matilde Cherner y Hernández, Félix Olmedo, el Cardenal Marín Herrera, el II Marqués llamado José Antonio –que además de ser varias veces ministro realizó la 1ª Reforma general del Sistema de Universidades y de Educación-, su tío materno –muy desconocido en nuestra Villa- Manuel Caballero del Pozo: Rector de la Universidad de Salamanca durante la Guerra contra los franceses, el “cuentista” Hernández Catá, y una pléyade de escritores, músicos, cabreros, religiosos (Alejandro Gallego, José Martín Herrera, Fray Alonso Sendino, étc)- de los que se decía que no había familia nuestra que no tuviera alguno- y el último gran escritor que ha dado nuestra Villa: don Luciano Pereña Vicente.

También a principios de siglo, y asombrados por nuestra “habla de la Rivera” personalidades como don Miguel de Unamuno, su discípulo Federico de Onís, Antonio Llorente Maldonado, y un largo etcétera de los mejores pensadores e investigadores salmantinos de principios del siglo XX, entre los que están nuestro médico más famoso, y también compañero y amigo de Unamuno: “Crotontilo”, don José González de Castro.

Iniciativas así, en las que han colaborado un sinfín de vecinos, nos acercan un poco más al reconocimiento de nuestro Patrimonio Cultural como Bien de Interés Cultural a nivel regional; declaración ésta que ya no depende de nuestra Villa, sino del apoyo que las Administraciones Públicas, “más allá de las Arribes” quieran dar, y ya se sabe que esta tierra lleva ya siglos de “olvido institucional”.

Por nuestra parte, que no quede, como diría el otro.

 

Podremos ver explicaciones como éstas:

 

  •     Travesía de Abajo: el Barrio de Abajo es uno de los cuatro históricos, formado por casas tradicionales, nos conduce a la parte de menor altitud del pueblo. Su trazado sigue el de las antiguas cercas, y el de las aguas que bajan de “la Sierra”. Está salpicada de casas tradicionales originales de los siglos XVIII y XIX. Su parte superior va poblándose progresivamente de casas más nobles.

 

  •     Calle Abajo: une el centro urbano con el Barrio de Abajo, donde se encontraban antiguamente las Escuelas de las niñas. En su punto inferior nace el arroyo Remoria. Se distinguen lienzos de las antiguas cercas de piedra. Une la “Puerta de Abajo” con la ermita de “la Santa”.

 

  •     Calle Ánimas: recoge el nombre de la “Capilla de las Ánimas benditas”, una de las más ricas de la Villa. Delimitada por la cara norte de la Iglesia Parroquial y de la Torre-fortaleza. Conserva inscripciones de judíos-conversos. El dispensario médico a principios del siglo XX estaba en esta calle: en él trabajó “Crotontilo” médico y periodista compañero de Unamuno.

 

Y este último texto nos trae a colación el asunto de dos famosos judíos de este pueblo: “Ana Rodríguez” procedente de Prado Gatao y Joseph de Paz, portugués también, que fueron juzgados en nuestro pueblo por el Tribunal de la Inquisición de Valladolid.

La modernidad ensucia las cruces de judeoconversos en el Bº de Las Peñas.

La modernidad ensucia las cruces de judeoconversos en el Bº de Las Peñas.

En otra ocasión cercana podemos conocer más detalles de estos dos portugueses de Tras-os-Montes que un buen día decidieron venir a vivir a nuestra Villa.

Las Cruces de Santiago: Aldeadávila en 1500 – 1ªparte

Detalle posterior

Detalle posterior

Las Cruces de Santiago al atardecer
Las Cruces de Santiago al atardecer
Detalle de arte isabelino-parte posterior de la cruz central

Detalle de arte isabelino-parte frontal de la cruz central

 Junto al Hostal “El Palomar” en la confluencia de las Calles La Lagona y Sierra, se conservan maravillosamente las Tres Cruces de la histórica ermita de Santiago.

La cruz central del Vía Crucis, tiene una inscripción en su base, en la que puede leerse que se hizo en 1500, y un texto que estamos limpiando para poder leerlo completamente.

El artista que construyó, al menos las bases, pertenece al gótico isabelino, como podéis ver los detalles bellamente labrados, y procedería de alguna escuela importante de cantería de la comarca de Ledesma, o de algún noble…

Agradecemos a los vecinos, al Ayuntamiento, y a todos los que las visitan, el apreciable estado de conservación que mantienen… están datadas en siglo y medio anteriores a la famosa Cruz del Rollo, aunque últimamente ha tenido dos pequeños desconchamientos sin importancia.

Sería necesario, su catalogación y conservación, así como rescatar la Fuente de Santiago, situada a media ladera.

En una entrega posterior, os envío más fotografías, y qué sabemos de la Historia de la Ermita de Santiago.

Aldeadávila: BIC de Salamanca , 2ª parte

Antiguo bar "la esquinita" en la calle del Rollo

Edificio anexo al bar "la Esquinita" en la calle del Rollo

A esta falta de estudios detallados de nuestra Historia por parte de Organismos, se une las nulas prospecciones arqueológicas que pongan en valor los restos arqueológicos que van apareciendo, gracias a la labor desinteresada de vecinos…

Aldeadávila, parte central de esta Historia, o aldea d’Auila como era llamada allá por el siglo XII, se puede considerar un caso paradigmático: ante una época “falsamente oscura” que abrcaba entre los siglos XII y XVI, se abre ante nuestros ojos con sus evidencias árabe y morisca, sus leyendas de Santa Marina y de la construcción de la Torre, pero sobre todo su rico Patrimonio Cultural.
Ya de esta época, Aldeadávila se fue conformando en un territorio de 5,3 ha en cuatro Barrios históricos: de Abajo, Atalaya, Peñas y de Arriba o morisco, en cuyo interior irradiaba la Torre y el Solar de la Plaza, y una serie de monumentos valiosos: ermita de Ntra. Sra. de las Huertas(La santa), cercas árabes, iglesia de San Salvador, Torre y solar antiguo de la Plaza, las demolidas entradas al recinto: Puertas de Abajo y de la Cilla, aduana, palacio de los Marqueses Gerónimo y José Antonio, palacio del Rector Manuel Caballero, rollo jurisdiccional, ermita de San Sebastián, ermita del Santo Cristo del Humilladero, y el rico patrimonio de Corporario. Pero sobre todo su Arquitectura Tradicional tan rica y numerosa, con sus cru
Palacio de Manuel Caballero 1790-1800

ces del Vía Crucis, sus casas de los siglos XVIII y XIX, incluso algún muro del s.XVII, sus callejas estrechas, laberínticas, sus callejones o colagas que se nos han transmitido desde la Edad Media, por las que pasa una persona escasamente.

Palacio  1790-1800. Aduana de Aldeadávila en el s.XIX

Todas estas razones y muchas otras impulsan la necesidad de ser declarada Aldeadávila BIC, como ya lo fueran Fermoselle, Ledesma y San Felices de los Gallegos… si de verdad queremos conservar este Patrimonio.

Aldeadávila: BIC (Bien de interés cultural de Salamanca) 1ªparte.

Estructura de los barrios históricos siglos XIII al XVIII

Estructura de los barrios históricos siglos XIII al XVIII

Al valor medioambiental y biológico de las Arribes en esta parte central del cañón del Duero, se une el valor del patrimonio monumental.

Hasta hace poco tiempo, se consideraba que localidades como Pereña, Masueco, Villarino, Aldeadávila no comenzaron su andadura histórica hasta el siglo XVI, esto se debe en gran parte a una ausencia de estudios detallados, que personas como César Norato, Eusebio Fernández, Juan José Rodríguez y otros han venido a paliar… sin embargo, la Historia, nuestro Patrimonio cultural permanecen ahí en su mayor parte, y también la documentación histórica…

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Se está redactando el Proyecto de RESERVA DE LA BIOSFERA para el Parque Natural de Las Arribes

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Al final del Vídeo, el cañón de las Arribes con el barco de Aldeadávila al fondo.