1926-1927: La firma del Tratado internacional del Duero

La Consejera de Medio Ambiente en el Mirador de la Presa de ALDEADAVILA

La Consejera de Medio Ambiente en el Mirador de la Presa de ALDEADAVILA

Depués de la creación de estas sociedades, y en el ambiente conómico de la Dictadura de Primo de Rivera, el ambiente ya “estaba caldeado” para conseguir la firma del Tratado Internacional. No obstante, Portugal, que no llevaba la iniciativa, retrasaba el acuerdo, se habló incluso de un macroproyecto de desvío de las aguas del río Duero por el interior de la provincia de Salamanca… Los portugueses, ante tanta presión reclamaron en mayo de 1918, la creación de una entidad financiera de solvencia indudable.

Esta es la razón de la creación el 3 de julio de 1918 de la “Sociedad Hispano-Portuguesa de Transportes Eléctricos”. A pesar de ello, las conversaciones definitivas continuaban retrasándose, por lo que Orbegozo lanzó una de sus apuestas más arriesgadas: “La Solución Española”.

Ésta consistía en desviar el caudal del Duero por territorio exclusivo español: mediante canales abiertos se uniría el Duero con el Tormes, y éste con el Huebra. Se presentó a la Administración española en 1921, y fue aprobado, causando una tremenda inquietud en nuestro vecino Portugal. En esto surgió Rafael Benjumea, ministro de Fomento de la Dictadura de Primo de Rivera, quien se enamoró del proyecto y le dió todo su impulso.

El 23 de agosto de 1926, el Gobierno de España aprobó la Concesión administrativa para el Aprovechamiento Hidroeléctrico global del río Duero, y sus afluyentes Esla, Tormes y Huebra. Portugal, que no era la máxima beneficiaria del reparto de la cuenca, lo firma finalmente el 11 de agosto de 1927. Las concesiones se otorgaban a Saltos del Duero, precursora de la empresa Iberduero y de la actual IBERDROLA. Los dos países se repartían amigablemente el territorio y su desnivel, quedándose el tramo superior entre Bemposta y Castro: Portugal, y el inferior desde Fermoselle hasta La Fregeneda: España, haciéndose visible de esta forma la posibilidad real de construir los Saltos de Saucelle y de Aldeadávila.

El comienzo del aprovechamiento ya estaba definido: el salto de Ricobayo, en Zamora, para lo que se emplearon 2 600 obreros en la época, comenzando oficialmente las obras en mayo de 1929.

Poco después, el rey Alfonso XIII, emocionado con la magnitud de los trabajos, y en un momento político muy neccesitado pronuncia sus históricas palabras el 20 de octubre de 1929:

“Seguirán estas obras por encima de todas las inquietudes del momento, porque uniendo a todos: monárquicos y republicanos, está la idea de la patria…”

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Al final del Vídeo, el cañón de las Arribes con el barco de Aldeadávila al fondo.