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ALDEADÁVILA
¡Viva, viva, la tierra charra...
¡Viva, viva, la tierra charra...
tierra, noble, recia y leal,
¡Vivan, tus hermosas mujeres,
que enamoran, con su mirar.
El Campo Charro, con viñas y praderas,
en la Ribera, se ha venido a esmaltar.
Villa, querida, hoy darte, yo quisiera,
todo mi aliento, en un bello cantar.
Se hallan tus casas, escalando la loma,
como palomas, en remanso de paz;
por ver al Duero, a su cauce te asomas,
mientras contemplas, tierras de Portugal.
Aldeadávila, hermosa,
si alguno pretendiera,
con palabras sinceras
tus bellezas cantar
de emoción vibraría,
si al Duero se asomara,
desde Santa Marina,
desde Santa Marina,
hasta el Estrengujal.
Diste, sin tasa, generosa y sincera,
preclaros hijos, que supieron honrar,
a nuestra España, y a esta raza altanera
que da su vida, por la FE y la VERDAD.
Mozos y mozas, sus canciones entonan,
en la rondalla, de alegre desfilar;
y cuando en ellas, EL TORO se menciona,
el entusiasmo, suelese desbordar.
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DICEN QUE CASAR, CASAR
Dicen que casar, casar,
yo también me casaría,
si la vida del casado
fuera como el primer día.
Muchacha que vendes
azúcar y miel
en qué calle vives
en la del cuartel,
en la del cuartel
en la del cuartel
muchacha que vendes
azúcar y miel. ¡Hala, hala!
Volante en el mandil,
piquito en las anaguas,
que bien los sabes lucir.
Cásate en domingo Juan,
el lunes ya estás casado,
el martes preguntarás
dónde dan el pan fiado.
Ya no va la niña,
ya no va a la fuente,
ya no tiene novio,
ya no se divierte,
ya no se divierte
ya no se divierte
ya no va la niña
ya no va a la fuente.
¡Ole, ole!
Volante en el mandil
piquito en las enaguas
que bien los sabes lucir.
En cuestión del matrimonio
no te rompas la cabeza,
que el que se empeña se casa
y el que se casa se empeña.
A la buena moza
la ha cogido el toro,
le ha metido el cuerno
por el as de oros,
la ha vuelto a coger
la ha vuelto a coger,
le ha metido el cuerno
por allí otra vez.
¡Qué puntería!
Volante en el mandil
piquito en las enaguas
que bien los sabes lucir
La primer noche de novios
yo creí que me moría,
¡huy, qué miedo pasé!
en ver aquel perro de aguas
los bigotes que tenía.
Muchacha que vendes
azúcar y arroz
en qué calle vives
en la del reloj,
en la del reloj,
en la del reloj,
muchacha que vendes
azúcar y arroz.
¡Hala, hala!
No te rompas el mandil
mira que no tiene otro
la pobrecita infeliz.
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